27 sep. 2007

Constructivismo: Los niños tienen la palabra



La importancia del Constructivismo en la evolución de la Educación Inicial es inmensa.


Su principal logro fue el de barrer con antiguos preceptos rígidos y verticales que establecían el aprendizaje como un proceso memorístico y mecánico, en el cual la maestra dominaba y el niño era un mero receptor inanimado. Debido a situaciones políticas y sindicales, en algunos países latinoamericanos no tuvo cabida salvo en el Nivel Inicial, el cual, libre del acoso de estos factores, pudo seguir su evolución integrando nuevas corrientes como ésta en sus planes y desarrollándose más que los otros niveles.

El Constructivismo, que evoluciona su vez de la Escuela Nueva, postula que el niño no es un mero producto del ambiente ni un simple resultado de sus disposiciones internas, sino una construcción propia que se va forjando día a día como resultado de la interacción entre el medio y él. El conocimiento no es un calco de la realidad, sino una interpretación o construcción del propio niño. Los instrumentos con los que cuenta para esta elaboración son los esquemas que ya posee, producto de la construcción que ya hizo sobre el mundo que lo rodea.

Este proceso de construcción depende fundamentalmente de los conocimientos previos o la imagen que se tenga de la nueva información o de la tarea que se va a resolver, y de la creatividad que el niño aplique sobre el tema.

La base sobre la que crece el Constructivismo en la educación es que el objetivo principal de ésta es promover los procesos de crecimiento personal del niño, de acuerdo al grupo cultural al que pertenece.

La organización de la teoría constructivista gira en torno a tres ideas fundamentales, ideas que revolucionaron la concepción global (desde Inicial hasta Secundaria y más) del proceso educativo y la implementación del sistema educacional en muchos países:

El alumno es responsable último de su propio proceso de aprendizaje. Él es quien construye (o reconstruye) los conocimientos de su grupo referencial, y puede ser un elemento activo que manipula, explora, descubre o inventa, incluso cuando escucha o lee la versión de los otros miembros del grupo.

La actividad mental constructiva del alumno se aplica a contenidos que poseen ya un grado considerable de elaboración. Esto quiere decir que el alumno no tiene en todo momento que descubrir o inventar literalmente todo el conocimiento. Al parise de conocimientos previos, el aprendizaje es más fluido.

La función del docente es articular los procesos de construcción del alumno con el saber cultural ya organizado. La labor de la maestra no será solamente la de crear las condiciones óptimas para que el alumno despliegue una actividad mental constructiva, sino que debe orientar y guiar explícitamente y deliberadamente esa actividad.

El niño se convierte entonces en la figura central del esquema educativo. Pero no es un centro meramente receptivo, que actúe por reflejos. Es también un centro generador de mensajes, procesos, esquemas y realidades que puede incluso cuestionar o cambiar las ajenas, de acuerdo a su creatividad y conocimientos previos.

El Constructivismo se presenta entonces como un elemento integrador, más que jerarquizador, entre todos los elementos del proceso educativo, donde el cariño, el respeto a la opinión ajena y la calidez hacia el niño tienen mayor cabida que en los modelos anteriores.

Foto: Canterbury English , Revista Consumer
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1 comentario:

  1. Anónimo4:03 p.m.

    Gracias por la información, considero que es precisa y clara.

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