El Niño que Roba

Los niños no tiene una noción precisa de la propiedad privada ni del respeto por las cosas de los demás. Por esta razón, para muchos adueñarse de los objetos es una cuestión sin importancia. Si el niño desea poseer algo, lo toma y satisface su deseo.

Otras veces, los niños roban en grupo con el fin de participar de una aventura, puesto que robar a veces está relacionado con el deseo de mostrarse decidido, seguro y capaz frente a los compañeros de la misma edad.

El robo también se puede dar en las aulas del Jardín de Infancia. Ante un pequeño que eventualmente le quita algún juguete a un amiguito, las maestras deben actuar aconsejando y guiando al niño acerca de la propiedad de aquel juguete y de la variedad de juguetes que hay para elegir. Pero si el caso es recurrente, viéndose que incluso el niño se lleva las cosas a los bolsillos, o los oculta en algún lugar de manera sistemática, se impone un llamado severo de atención y una reunión con los padres de familia, a fin de descubrir las verdaderas causas de aquella conducta.

El niño que tiene confianza en sus padres, que se siente amado y libre, abandona fácilmente este comportamiento. No sucede lo mismo con el niño demasiado cohibido al que sus padres no le muestran su amor por él; es muy fácil que el robo, que en un principio se producía de vez en cuando, se haga costumbre y se convierta en un problema. También es necesario en este caso analizar el trato que se le da y el clima que respira en el hogar.

Siempre y cuando existan evidencias de que el niño ha robado, conviene exigirle que devuelva el objeto, explicándole por que no debe hacerlo. Es preferible evitar el castigo físico; la experiencia ha demostrado que ninguna persona feliz roba impulsiva y constantemente.

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