29 nov. 2007

El Elogio en los Niños

El elogio es la alabanza de la cualidades y méritos de una persona. Puede mostrarse usando palabras estimulantes, expresiones faciales agradables o gestos cariñosos. Todas estas actitudes son positivas para mejorar la autoestima del niño, pues son fuente de orgullo y de reconocimiento social. Cuando los papás elogian a sus hijos, les ayudan a comprender que son personas valiosas y que sus acciones y logros son motivo de satisfacción para ellos. Elogiar a un niño no sólo es hacerle sentir bien, sino que es parte importante para el desarrollo de su carácter, le brinda confianza y lo ayuda a valorarse como persona.

Existen dos tipos de elogios: El elogio por ser y el elogio por hacer. En el primero, dejamos que el niño se sienta bien por lo que es y por sus cualidades. El segundo, se refiere a las cosas que el niño realiza y que son destacables porque le nacen. Es necesario saber diferenciar ambos tipos de elogios, ya que muchas veces, por el cariño que sentimos hacia ellos, los elogiamos más por nuestros propios sentimientos que por sus acciones en sí, y cuando esto sucede, el niño puede sentirse engañado o insatisfecho con sus acciones, llegando incluso a la frustración.

En casa, un momento propicio para expresarlos es antes de dormir, en el momento del cuento o durante la conversación nocturna con los niños respecto de sus labores del día. En el Jardín, el contacto físico es importante entre los niños y las maestras, pudiéndose dar en los juegos o poniéndoles estrellitas a los niños cuando han destacado en alguna tarea. En el hogar, los logros deben ser reconocidos por los papás mostrando interés. Pueden elogiarse muchas cosas en los niños, no sólo su desempeño educativo; también su comportamiento en familia y en clase.

Pero todo extremo es malo. Si el niño tiene una autoestima exagerada tendrá problemas para relacionarse, querrá siempre mandar y destacar, además de mostrarse siempre cerrado ante las críticas. Igualmente hay que cuidar de que el elogio no se convierta en una manera de presión al niño. Muchos niños pueden llegar a la depresión, cuando se les refuerza más el hecho de ganar, antes que el del esfuerzo y la satisfacción. Mantengamos entonces expectativas razonables para con el niño. El deberá aprender que en la vida habrán momentos en los que ganará y otros en los que perderá. En unos experimentará en gozo y en otros la decepción. Nuestra labor como adultos es prepararlo para ambos desenlaces, y en los casos que pierda, alentarlo a seguir intentando o a probar algo nuevo.

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