Pero a pesar de la impresionante difusión y promoción que tuvo esta gran iniciativa para demostrar nuestra preocupación por el cambio climático, nadie estuvo más entusiasta para participar en ella que los niños.
Niños maravillados por la magia de la tenue luz de las velas, raras veces usadas en casa. Niños asombrados al ver como poco a poco las luces de su barrio se apagaban. Pequeños cantando en parques, o llamando a los vecinos, aun indecisos, para que apaguen sus luces, gritándoles a coro desde sus casas. Niños desfilando por las calles con sus antorchas de papel, guiados por papás y maestras.
Dejemos que la semilla plantada en sus mentes tome forma a su tiempo. Sigámosla nutriendo con hábitos de sana convivencia, limpieza, cuidado y respeto por el medio ambiente. Tal vez -en realidad, más que seguro- la respuesta no esté en nosotros, sino en sus mentes, en sus manos, en su decisión.
Imágenes: WWF España, WWF España.
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