2 dic. 2011

Fábulas sobre la gratitud

El águila y la zorra

Un hombre había cazado viva un águila, a la que cortó las alas, encadenándola después. Pero otro cazador bondadoso, que observó tan cruel escena, compró a la prisionera, la alimentó y tan pronto le crecieron las alas, la dejó en libertad.




Semanas después, el águila, demostrando gratitud, se presentó ante el buen cazador, llevándole una liebre.

-Amiga, qué tonta eres- le sermoneó una zorra que por ahí pasaba y, como experimentada maestra agregó: -Yo hubiera llevado tal obsequio antes al cazador que te encadenó, para ganarme su voluntad; ahora volverá a encadenarte.

La reina de las aves, molesta, respondió:

-Quédese para una zorra ganarse la voluntad de los malvados; por lo que respecta al águila, siempre colmará de atenciones a los buenos.

La gratitud ennoblece;
la ingratitud envilece.




El leñador y el bosque

Un leñador, talando árboles del bosque, no daba descanso a sus brazos. De su empeño no escapaban abetos ni encinas, hasta que se rompió el mango de su hacha.

-Oh! Dioses, por fin habrá paz y tranquilidad en mi mundo!- exclamó el Bosque.

Transcurridos los días el leñador, humildemente, le rogó:

-Déjame tomar una rama de este abeto para mango de mi hacha, y te prometo irme a otro bosque a talar.

El Bosque, conmovido por el ruego, accedió al pedido, pero tan pronto el leñador tuvo lista su hacha, comenzó a destrozar a sus bienhechores.

-Es así como agradeces el bien que te hice?- dijo adolorido el Bosque- Has convertido el favor en intrumento de destrucción.

El hombre ingrato
devuelve mal por bien.


El león y el ratón

Algunos ratoncitos que jugaban en el prado, molestaban a un león que dormía al pie de un árbol. El rey de la selva, al despertarse, atrapó entre sus garras al más atrevido del grupo.

El ratoncito, presa del terror, aseguró al león que si le perdonaba la vida la emplearía en servirlo y, aunque esta promesa lo hizo reír, terminó por soltarlo.

Poco tiempo después, la fiera cayó en las redes que había tendido un cazador. Al no poder liberarse, atronó el lugar con su furiosos rugidos.

El ratoncito, al oirlo, acudió presuroso y rompió las redes con sus afilados dientes. De esta manera, el diminuto ratoncillo salvó la vida del león.

Amor con amor se paga.

Imágenes: NoAngel, BedTimeStories, Artsmear.

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2 comentarios:

  1. Hola,

    las fábulas son ideales para transmitir valores, se transmiten de generación en generación y siempre son atractivas. Buena idea publicarlas.

    Dejaremos comentario en la Blogoteca.
    Un afectuoso saludo.

    ResponderEliminar
  2. Anónimo11:22 p.m.

    Me gusto gracias

    ResponderEliminar

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