12 dic. 2011

Influencia de una vida errante en los niños viajeros: las familias nómadas

Viajar puede ser una experiencia fascinante para un niño. Pero cuando los viajes son tan frecuentes que impiden que se sienta parte de una comunidad, es necesario tomar en cuenta los efectos que esto pueda tener en su autoestima, su estabilidad emocional y su futuro.




Las realidades de cada país son muy diferentes. La forma de comportarse, la apertura social que muestran y las oportunidades que tiene los niños de conocer y reunirse con otros fuera del horario de escuela los influye muchísimo. Hasta el orden y la limpieza en las calles forman un cuadro al que un niño puede adaptarse más o menos; todo depende mucho de su carácter y del apoyo que reciban de sus padres.

La educación es uno de los temas más importantes y difíciles de llevar. En cada país hay que elegir un colegio, explicarles sus bondades a los niños y promover que conozcan y se relacionen con sus nuevos amiguitos, sin forzarlos.

Lenguas, olores, afectos y hogares. Todo cambia permanentemente en sus vidas. Tanto que ya no se imaginan viviendo más de dos años en un lugar. Tanto que terminan con problemas de identidad, sin arraigo territorial y sin interés por vincularse afectivamente con nadie pues saben que tarde o temprano, tendrán que partir.

La vida nómada es una elección en los padres de familia, especialmente en el ámbito de la diplomacia internacional. Pero los hijos no son consultados y muchos conflictos en la familia surgirán de esta limitación a medida que crezcan. Incluso una salud frágil tiene muchas veces su origen en el estrés psicológico que estas condiciones generan en los niños.

De toda formas, llega un momento en que los niños buscarán establecerse y reconocer un país o realidad como suyo, donde tengan a la mano a sus amistades, sus familiares, sus oportunidades y el entorno con el que más cómodos se sientan. Donde sepan que al viajar, ya por placer, tendrán gente que los conoce, los percibe y los espera.


Por otro lado, los niños viajeros tienen la ventaja de haber conocido muchas realidades, algunas más que otras, lo cual les da una visión más abierta de las cosas. Toca a los padres incentivar a que tomen el mayor contacto posible y aprovechen lo mejor de todas esas culturas para enriquecerse como personas.

Imagen: Diapers.com, CulturalContact.com
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