Es una tarde de
fiesta y todos los niños
invitados ya llegaron. Corren por el jardín, se suben a los
juegos inflables y se bajan por los
toboganes. Algunos se acercan ya a las mesas llenas de
golosinas ubicada bajo un colorido
toldo en su camino al misterioso
laberinto de tres pisos. Hasta ahora nada diferencia esta
fiesta infantil de las muchas otras a las que hemos llevado a nuestros hijos.
De repente, el sonido de una
corneta paraliza a los niños en su sitio. El curioso sonido viene desde un extremo del jardín. La toca un
malabarista, un hábil acrobata que aparece corneta en mano y se dirige al centro del jardín montando un
monociclo, llamando a los niños a que lo sigan. En el camino, saca unas
pelotas de colores de sus bolsillos y las lanza al aire, dibujado
círculos con ellas. A veces hace como que se va a caer, pero recupera el
equilibrio, generando gritos y voces de
asombro entre los pequeños.

Los niños estallan de
alegría. Esto es
distinto, piensan. El
malabarista se baja de su
monociclo, sin dejar de lanzar las
bolas y cogerlas en el aire. Al grito de
!cómo están! se inicia un ingenioso
diálogo con los niños, cuidadosamente pensado para incluirlos en las diferentes actividades sin perder su total
atención.
Se necesita mucha capacidad de
improvisación,
creatividad y
empatía con los niños para lograr su aceptación. Pero este
genial malabarista lo logra el sólo -sin disfraces que asustan y distancian a los niños- hasta con los más
revoltosos.
Juega con los niños a subir a los juegos, a hacer trucos de
magia pidiendo voluntarios, los anima a hacer
malabares, los sorprende con
serpentinas que explotan de una lata y cambia las pelotas por pinos de
bowling. La
vocación se le ve en su
actitud horizontal y festiva hacia los niños.

No sólo los chicos están
encantados, los
papás también se dejan llevar por las ocurrencias del artista. Muchos padres de familia
cuestionamos la
estridencia y
mal gusto de muchas animaciones infantiles, que siempre cantan y bailan las mismas canciones y hacen los mismos juegos. Pero esto es
memorable. Un cumpleaños así, entre risas, colorido, habilidad e imaginación quedará para siempre como un
mágico recuerdo en chicos y grandes para toda la vida.
Esta no fue una fiesta infantil más; fue una fiesta de
cumpleaños con malabaristas.
Imagen:
RappNews,
Biteful,
MedievalCastle.
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