9 ene. 2012

Continuum: más autoestima y autonomía con la crianza natural

Quienes defienden la crianza natural de los bebés tienen en la teoría del Continuum una base muy sólida para aplicar esa filosofía en sus hijos.


A través de los años, la crianza infantil ha sido dominada por diferentes escuelas que se turnaban el "estar de moda". La inclusión de tantas teorías distintas habría alejado a los padres de familia de muchos de los usos y hábitos de crianza provenientes del instinto y la naturaleza mismos.

Son estos hábitos los que la teoría llamada Continuum intenta recuperar con el objetivo de asegurar un completo desarrollo emocional, mental y físico de las personas, desde recién nacidos y a través de su infancia.

Entre sus principios, destaca la afirmación de que cuando un bebé pide atención -a través del llanto o el lenguaje corporal- se debe atender sus necesidades sin recriminaciones, quejas ni llamadas de atención. Al mismo tiempo, debe sentir que si bien sus necesidades son siempre satisfechas, tampoco es el centro del mundo. Algunas variantes de este principio hacen alusión a tener nanas que lo pongan en práctica. Sin embargo, se estaría contradiciendo el espíritu de esta tendencia, donde el estrecho vínculo madre-hijo es fundamental.

Y es que el contacto físico, continuo y directo del bebé con la madre es otro principio importante. Los sentidos sirven al bebé desde recién nacido no sólo para percibir su entorno, sino para encontrar en él referentes que le den seguridad y tranquilidad. El contacto físico, sumado a un tono suave y cariñoso al hablar, los aromas y las tonalidades constituyen, además de un estímulo, una manera de confirmar la calidad afectiva de su entorno, empezando por mamá.


Este contacto incluye dos hábitos adicionales: el llevar al bebé en brazos en todo momento, hasta que su cuerpo esté listo para empezar a gatear, aproximadamente a los 9 meses; y permitir que el bebé duerma en la cama de los papás hasta que él mismo decida avanzar a la siguiente etapa -su propia cama-, lo cual se da a partir de los 24 meses. Esto último, sin embargo, supone algunos riesgos y soluciones que se deben tener en cuenta.

Uno de los primeros hábitos que la mayoría de los pediatras promueven en la nueva mamá y en su bebé suele ser la lactancia programada cada dos o tres horas a lo largo del día. Mucho se ha hablado sobre este tema. Algunas investigaciones indican que lo que importa no es el número de tomas ni la cantidad de leche por cada toma, sino que el bebé esté satisfecho.

El Continuum va más allá, indicando que la lactancia será de acuerdo a lo que pida el bebé. El definirá en que momento, la cantidad y hasta el lugar. Se podría pensar que, ya siendo la lactancia programada de por sí díficil, lo sería más dar leche al bebé cada vez que lo pida. Pero los seguidores del Continuum aseguran que, una vez adoptado este sistema, es el propio ritmo del bebé el que se termina convirtiendo en una rutina constante y ordenada.


Desde pequeño y conforme crece, los papás deben hacer sentir al bebé que es bienvenido, que es una parte importante de ellos y que tiene la capacidad para desenvolverse naturalmente de una manera sociable y solidaria, alentándolo a hacer lo que le gusta y a desarrollar sus talentos.

Según la tendencia tradicional, estas recomendaciones podrían producir una persona engreída e incapaz de avanzar por sí misma. Pero sus autores más conocidos aseguran que los niños criados así más bien evitarían esa situación, logrando mayor confianza en sí mismos e independencia emocional de sus padres.

Más información: PermaCultureScience

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