17 may. 2012

Recordando a Juan Pablo II, el Papa de los niños (Videos)

Era el año 1985. Una niña más entre millones se empeñaba en ver por encima de la multitud aunque sea un fugaz atisbo del famoso "papamóvil" en su recorrido por una de las calles de mi ciudad. Karol Wojtyla, el Papa Peregrino, daría en ella su histórico discurso sobre la paz, la tolerancia y sobre cómo alcanzar el cielo siendo como los niños.


Claro que esa niña era yo y claro que aquellos eran tiempos difíciles para mi país. Pero Juan Pablo II dejó en mi alma inocente la marca imborrable de una infinita dulzura en un carácter firme: "La violencia sólo engendra más violencia" y no es la solución de nada; debes ver en el prójimo a un semejante y no a un enemigo, para poder vivir en paz con él y con tu conciencia.


Juan Pablo II no sólo me encandiló a mi, sino a millones de niños que, en muchos otros países además del mío, tuvieron el privilegio de oir su voz amable y su mensaje generoso. Muchos de esos países también estaban en grandes problemas -Polonia, su tierra natal, entre ellos-, y la aparición del Papa en sus plazas era una brisa de esperanza. Nunca antes un Sumo Pontífice había salido del Vaticano y recorrido cientos de miles de kilómetros alrededor del mundo para hacer sentir a la gente que la Iglesia éramos todos y no sólo una bonita plaza en medio de Europa.

En cada lugar que iba, siempre tuvo un gesto amoroso con los niños. Su voz se suavizaba y se hacía una canción de cuna; por lo menos era lo que yo sentía al oírlo.

Juan Pablo II usó siempre un lenguaje claro y sencillo. Dominaba varias lenguas y hablaba en el idioma del país que visitaba, así que los más pequeños podíamos entenderlo sin problemas. Hacia gestos llenos de travesura, besaba la tierra que lo acogía al bajar del avión y se reía a carcajadas.


Como se te extraña, Karol. Hoy que la guerra no acaba, sólo cambia de lugar. Hoy que las iglesias están vacías de niños y sus paredes están sucias. Cómo se extrañan, Juan Pablo II, tus consejos como en casa y tus grandes esfuerzos en favor de la libertad y la justicia.

Cómo te extrañamos, Juan Pablo II, los niños que fueron y los que son; los primeros, porque vemos con tristeza cómo el espíritu de tu mensaje ya no lo siguen ni en aquella bonita plaza en medio de Europa; los segundos, porque sólo sabrán de ti por la historia y anhelarán haber vivido entonces al compararte con el presente.


Pero si te extrañamos es porque tu presencia y tu mensaje nos caló y forjó el espíritu. Siendo millones a quienes nos hablaste con alma de niño, Karol ¿llegará el día en que por fin decidamos escucharte? Por mi parte, mis hijos sabrán de ti; con ellos disfrutaré nuevamente de tus sermones al aire libre y les leeré sobre tu vida y enseñanzas. Ejemplo que sueño reflejado en mis hijos, como guía para que logren una vida feliz, plena y en paz.

Totus Tuus, Karol!


Imágenes: AktualnePolskaLokana.

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