6 de set. de 2012

Cuentos infantiles sobre el optimismo: El pez que veía al revés

Este era un pecesito pensativo y triste que lo veía todo al revés. Se llamaba Lucas y vivía en el mar de los corales multicolor.


Cuando salía de casa tomaba la corriente de la derecha en vez de ir por la izquierda. Cuando le picaba la aleta se rascaba la cola. En la clase el 2 le parecía un 5 y el 6 le parecía un 9.

Cuando quería salir al recreo se chocaba con la pared del fondo, y cuando quería bajar las escaleras tomaba las que subían. Se perdía mucho y estaba siempre confundido. Con el tiempo Lucas también comenzó a ver todo lo colorido gris, todo lo bonito feo y todo lo sabroso amargo.

Sus amigos pensaban que era muy extraño y les asustaba estar a su lado, no fuera a contagiarles su confusión. Pero había una pececita a la que tenía muy preocupada. Se llamaba Selena y estaba pendiente de que Lucas no se hiciera daño.

Sin que él se diera cuenta, lo observaba por si hacía algo peligroso. Si se iba a chocar con una pared, le nadaba al frente para que se diera cuenta. Si confundía los números en clase, se lo hacía notar y al salir de la escuela lo acompañaba a casa para que no se perdiera.


Un buen día, de regreso a casa, Selena y Lucas se encontraron con Marcel, el tío de Selena; un misterioso esturión que siempre estaba oculto en su cueva. Algunos decían que era un mago poderoso, pero nadie lo sabía en realidad.

- Escuché que tu amiguito tenía un problema -le dijo con voz grave a su sobrina-, que ve las cosas al revés.

- Así es tío, todo lo ve al revés; lo rico lo siente desagradable y lo bonito se le hace espantoso.

 - Dale a que se ponga estas gafas -le indicó Marcel, al tiempo que le mostraba unos anteojos multicolores- Verás que todo cambiará.

Selena le llevó las gafas a su amigo. Al principio Lucas las rechazó, pero tanto le insistió Selena que finalmente se las puso.


Entonces el rostro de Lucas se iluminó de asombro. Todo lo que estaba a su alrededor lo veía tal cual. Lo gris recobró sus colores, la derecha era la derecha y la izquierda era la izquierda.

Al llegar a casa desfrutó de un delicioso almuerzo y en sus tareas escolares los 2 eran 2 y los 6 eran 6. Su carácter triste y apartado se hizo alegre y conversador, sus amigos volvieron a buscarlo en los recreos y sus calificaciones mejoraron.

Una mañana al levantarse creyó que se había quedado dormido con las gafas, pues todo lo veía igual de lindo que si las llevara puestas. Pero no era así. El había cambiado y ya no necesitaba de los anteojos para reconocer lo bonito de las cosas. Se prometió entonces que siempre vería la vida de esa forma...


...y nunca volvió a ser el pez que veía al revés.







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2 comentarios:

  1. necesitamos mas cuentos optimistas para los ninos!! me encanto

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  2. Gracias Natalia. Y que linda tu página!

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