16 ene. 2013

Niños que muerden: el "niño malo"

Existe el mito en nuestra sociedad de que el ser humano es malo por naturaleza. Por lo tanto, cuando vemos a un niño mordedor lo metemos en un mismo grupo junto con la malacrianza, el engreimiento y la agresión. Cuidamos siempre de no descuidarlos, no vaya a ser que en ellos crezca la "fiera" que todos llevamos dentro.


Dejar que los niños hagan "lo que quieran" es considerado entonces un grave error y la férrea disciplina se convierte en la única solución efectiva.

No se le debe engreír, se le debe obligar a que "sea fuerte", que se comporte como valiente, sin quejas. Es una forma de evitar que sea un "árbol torcido". Esta lucha contra la transgresión, es decir el desafiar el sistema y las creencias establecidas, también se da en la crianza a través del "control". En la literatura tradicional infantil, muchos cuentos hablan de los castigos que sufren los niños por "portarse mal".

La moraleja es que ser mordedor hace a un niño "malo" porque no es lo normal; y para no ser "malo", no hay que morder.

La verdad es que el niño muerde desde que mamá le da de lactar. Morder el pezón es para ellos una experiencia placentera que forma parte de la relación afectiva con su madre.

Morder también aparece cuando empiezan a gatear y a curiosear por toda la casa. La boca se convierte en el nexo con su entorno y con ella chupan y muerden lo que se les cruza en el camino.

Pero cuando un niño más crecido empieza a morder a otros, nos apresuramos a etiquetarlo como "niño mordedor", sin averiguar las causas. Entre estas podríamos descubrir que lo hace por querer ganar, por simple antojo natural o hasta una manera de expresar afecto o emociones fuertes (alegría, rabia). Muchas veces lo hacemos con ellos también en casa y es así como aprenden.


Estas mordidas son las que más problemas trae en las guarderías o cunas entre los padres de familia. El niño mordedor se convierte en un niño que debe ser vigilado. Terminan siendo más temidos por quienes los cuidan que por los otros niños. Y al verse "marcados", fácilmente pensarán que es su papel natural en el grupo y entonces lo seguirán haciendo.

Por eso es muy importante que no nos apresuremos a marcarlo como niño malo al verlo morder. Lo importante es preocuparnos por entender por qué lo hacen realmente, averiguar las verdaderas razones. Sólo así sabremos como corregirlo sin estigmatizarlo y dejarle una marca más grave que cualquier mordida.

Fuente: José Luis Encinas. "¡Prohibido pegar! Agresiones entre niños en la escuela". Radda Barnen - Ayni. Lima,1994.


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