8 ago. 2013

Sesión de cuentacuentos para niños: al rescate de la imaginación

Es fin de semana en el centro comercial. La gente entra y sale siempre apurada de sus tiendas y restaurantes; pero en la librería algo distinto sucede. No hay adultos hojeando libros, sino un grupo de niños pequeños sentados alrededor de una señorita muy entusiasmada leyéndoles un cuento. Los pequeños rostros brillan de asombro y fantasía ¿qué sucede ahí?


Son los narradores de cuentos o cuentacuentos quienes logra esa magia, acercando la literatura a los niños en un mundo que los aleja cada vez más de ella. Pero ¿qué hacen los narradores de cuentos infantiles para captar la atención de los niños? Pues, a pesar de lo que pueda parecer, no cualquiera puede ser un cuentacuentos.

Lo primero que debe tener es vocación. Una tendencia natural a saber hacerse entender y atender por los niños, saberlos escuchar y comunicarse con ellos en su idioma y códigos. La mayoría de los adultos nos cuesta retomar nuestro razonamiento infantil, tan necesario para entender a nuestros hijos. Los cuentacuentos lo hacen con naturalidad y con eso ya tienen la primera parte del reto cumplida.

Pero, una vez captada la atención, es necesario mantenerla y es aquí donde entra el manejo de la voz y el cuerpo. Un cuenta cuentos que tenga una formación previa en las artes escénicas, por ejemplo, habrá trabajado la modulación, entonación e impostación de su voz, de manera que le dé más dramatismo al relato.

El control de los gestos, movimientos del cuerpo, desplazamientos en el escenario y una mirada que se fija ocasionalmente en el público son otros elementos que usan los cuentacuentos profesionales.

Estos narradores necesitan tener también un profundo conocimiento de lo que están leyendo,  no sólo del texto en sí, sino de los autores, la época o el contexto fantástico en que fueron escritos, de manera que puedan resolver con rapidez e ingenio cualquier pregunta inesperada - las más comunes - de los niños. Muchos recurren incluso a un disfraz de acuerdo con la temática del cuento, pero si son buenos esto no es indispensable.

Finalmente, la interacción con su pequeños público es necesaria para evitar que se distraigan. La participación de los niños puede expresarse mediante la exclamación de alguna frase mágica, preguntándoles que creen que sucederá a continuación, "encontrando" algún objeto mágico detrás de sus orejas, entre otros muchos recursos.

El efecto que produce un cuentacuentos en los niños es realmente increíble. Una vez conectados con la narración, simplemente se dejan llevar por su imaginación, viviendo las más fantásticas historias como si fueran propias y tan reales como su juguete favorito, estallando  en júbilo cuando el héroe vence al dragón gigante o abriendo desmesuradamente los ojos de miedo cuando la princesa se interna en el bosque oscuro.

Pero los narradores de cuentos aportan mucho más que un momento divertido y diferente para los niños. También promueven en ellos el interés por la lectura y a través de ella el desarrollo de su imaginación; no es lo mismo recibir una historia por medios audiovisuales sin la vital interacción física, que escucharla y crear uno mismo sus imágenes en la mente.

Afortunadamente, los narradores o cuentacuentos son cada vez más vistos no sólo en centros comerciales y librerías, sino también en parques, plazas y escuelas. Así se hace de la lectura una actividad social, congregadora, un motivo para salir fuera de casa, al tiempo que se promueve ingeniosamente la cultura en los niños y la necesidad de fomentarla permanentemente en sus padres.

Si deseas enriquecer la próxima salida familiar, busca un lugar que tenga un cuentacuentos en su librería, en su parque o en su plaza, pues - tal como aquel caballero que rescata a su doncella de la torre - rescatarás para tu hijo el tesoro más grande que le puedas obsequiar: la imaginación.


Imagen: LocalRuckus.

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