1 mar. 2014

Aún no dan inicio las clases escolares... ¡y ya no doy más!

Van dos semanas de preparativos para el inicio de clases y yo ya no doy más. A solo tres días de que los chicos vuelvan al colegio, siento como si hubiera recorrido hasta el último rincón de la ciudad buscando útiles y uniformes, convenciendo a mis hijos para que se dejen tomar exámenes médicos a granel y pensando en algún milagros para que el cambio de horario no los afecte tanto.


Y es que en los últimos dos meses las cosas se salieron de control, poco a poco. Sin sentirlo casi, la hora de levantarse se fue deslizando desde las seis hasta las nueve de la mañana; y la hora de dormir se arrimó hasta las diez de la noche.

Los desayunos se hicieron más flexibles, terminando sobre los sillones de la sala y en el dormitorio de los chicos. Las camas ya no se hacían y los horarios para la televisión y el ordenador desaparecieron.

Por si fuera poco, por nuestros trabajos debíamos deja a los chicos, un día con los "papapas" y el otro con los "abuelitos". Mis hijos felices, porque ahí se desbandaban a sus anchas. Dicen que la labor de los padres es educar y la de los abuelos engreír...¡gran verdad!

Pero ha sido en estas dos últimas semanas en especial en que apareció la tormenta perfecta. Al desorden que les acabo de contar, se sumaron varios trámites y un par de mudanzas, cambios en nuestros trabajos y hasta el primer diente de leche caído del travieso más pequeño; ¡todo un evento!

Ahora que escribo esto es fin de semana, tiempo reservado al descanso. Pero esta vez, como muchas otras, eso no será más que una ilusión. A pesar de haber recorrido media ciudad, por el lado de mi hija aún faltan cinco pliegos de cartulina, tres pares de medias blancas para educación física y una falda para el uniforme; y en la esquina del benjamín, su buzo completo, el dinero que piden en el jardín de infancia para los útiles y decidir si a él también lo mandamos en transporte escolar o si sigo llevándolo yo.


Los padres de familia acostumbramos pensar que el inicio de las clase escolares será también el fin de tanta locura vacacional, cuando en realidad es aquí donde empiezan las tareas, las actuaciones escolares, las gripes y resfríos, y tantos cumpleaños como compañeros de clase.

Todo esto lo venía acumulando en la última quincena y me siento más aliviada de haberlo compartido aquí. Pero al igual que ustedes, también sé que este sacrificio (¡pago de mensualidades incluido!) vale muchísimo la pena.

Como nuestros hijos hoy, nosotros tampoco lo supimos notar en nuestros padres. Como nosotros ahora, ellos también se darán cuenta y valorarán esta gran muestra de amor con el tiempo. Mientras tanto, mejor haz tu lista de pendientes para que tu hijo tenga todo listo... ¡antes de que toque la campana!

Ahora las dejo...¡debo ir a comprar los libros de inglés!

Sandra.


Imagen: PiédicaTy Hatch en Flickr.


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