17 oct. 2011

Una fiesta infantil diferente con malabaristas

Es una tarde de fiesta y todos los niños invitados ya llegaron. Corren por el jardín, se suben a los juegos inflables y se bajan por los toboganes. Algunos se acercan ya a las mesas llenas de golosinas ubicada bajo un colorido toldo en su camino al misterioso laberinto de tres pisos. Hasta ahora nada diferencia esta fiesta infantil de las muchas otras a las que hemos llevado a nuestros hijos.




De repente, el sonido de una corneta paraliza a los niños en su sitio. El curioso sonido viene desde un extremo del jardín. La toca un malabarista, un hábil acrobata que aparece corneta en mano y se dirige al centro del jardín montando un monociclo, llamando a los niños a que lo sigan. En el camino, saca unas pelotas de colores de sus bolsillos y las lanza al aire, dibujado círculos con ellas. A veces hace como que se va a caer, pero recupera el equilibrio, generando gritos y voces de asombro entre los pequeños.


Los niños estallan de alegría. Esto es distinto, piensan. El malabarista se baja de su monociclo, sin dejar de lanzar las bolas y cogerlas en el aire. Al grito de !cómo están! se inicia un ingenioso diálogo con los niños, cuidadosamente pensado para incluirlos en las diferentes actividades sin perder su total atención.

Se necesita mucha capacidad de improvisación, creatividad y empatía con los niños para lograr su aceptación. Pero este genial malabarista lo logra el sólo -sin disfraces que asustan y distancian a los niños- hasta con los más revoltosos.

Juega con los niños a subir a los juegos, a hacer trucos de magia pidiendo voluntarios, los anima a hacer malabares, los sorprende con serpentinas que explotan de una lata y cambia las pelotas por pinos de bowling. La vocación se le ve en su actitud horizontal y festiva hacia los niños.


No sólo los chicos están encantados, los papás también se dejan llevar por las ocurrencias del artista. Muchos padres de familia cuestionamos la estridencia y mal gusto de muchas animaciones infantiles, que siempre cantan y bailan las mismas canciones y hacen los mismos juegos. Pero esto es memorable. Un cumpleaños así, entre risas, colorido, habilidad e imaginación quedará para siempre como un mágico recuerdo en chicos y grandes para toda la vida.

Esta no fue una fiesta infantil más; fue una fiesta de cumpleaños con malabaristas.

Imagen: RappNews, Biteful, MedievalCastle.

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