20 abr. 2012

La individualidad en los niños

Probablemente muchos de nosotros sentimos que no logramos cosas ni destacamos como hubiéramos querido en nuestras vidas, que tomamos las decisiones equivocadas o que no supimos aprovechar al máximo las oportunidades que la vida nos dio para lograr una situación mejor de la que hoy vivimos.


O puede ser que creamos que sí hemos alcanzado el éxito, pero que como consecuencia pensemos que ese es el único camino para lograrlo, generándose grandes problemas cuando nuestros hijos demuestran interés y habilidades para otras cosas.

Pero una de las formas más injustas de expresar esta frustración frente a la vida es proyectándola en nuestros hijos, obligándoles a realizar actividades y a tener desempeños sobresalientes muchas veces a costa de sus gustos y habilidades.


La individualidad en los niños consiste en reconocer lo valiosos que son tal como son, sus gustos, habilidades y preferencias. Si insistes en que tu hijo haga algo que no quiere, el mensaje que recibirá es que no te gusta como es él, afectando su autoestima y la imagen de sí mismo.

Se nota la ausencia de respeto a la individualidad de nuestros hijos cuando los inscribimos en un equipo de fútbol, porque "es un deporte que paga", le gritamos más indicaciones que el entrenador, organizamos porras con los papás de los otros niños y reventamos de rabia cuando nuestro hijo hace una jugada de más.

Resulta triste ver el rostro adusto y severo, ansioso e impaciente de una mamá cuando lleva a su hija a clases de flauta traversa - hermosa expresión musical artística y del espíritu - que es despojada de su belleza, sacrificada por la búsqueda de la perfección en la hija. Luego siguen las indicaciones a mano alzada y movimientos bruscos, la mirada fija y directa sobre esos ojitos asustados, poco antes de subir al escenario.


Con el tiempo, estos niños no vivirán su vida sino la que sus padres no tuvieron, sin posibilidades de tomar sus propias decisiones o peor aun, sin haber desarrollado la capacidad de tomarlas. No amarán, odiarán lo que hagan y si lo hacen parte de sus vidas, serán profundamente infelices. ¿Es eso lo que queremos lograr?

Como dijo el poeta Antonio Machado: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar." Respetando su individualidad permitiremos que tome su propio camino, se equivoque y aprenda de sus propios errores, no de los nuestros.

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